Sunday, February 18, 2007

La semana espantosa

Todo el mundo tiene un día de ésos de vez en cuando. De ésos en los que piensas cada dos por tres "no tendría que haberme movido de la cama". Ley de vida, supongo. Pero lo mío ya está pasando de castaño oscuro, que yo llevo una semana así. No sé qué le habré hecho a mi karma para que en siete días me hayan pasado tantas cosas.

Todo empezó en una discoteca el sábado pasado, cuando en lo mejor de la noche me pasó una estampida por encima del pie (en serio, un grupo de unos 7 u 8 brasileños borrachos con todo el ímpetu de su sangre latina y sus 70 kg por lo menos cada uno). Tras los improvisados primeros auxilios (ver foto) me tuve que arrastrar a casa cojeando de autobús nocturno en autobús nocturno -por supuesto no pillé taxi vacío ni de broma.




Alguno todavía andará por ahí buscando su mojito

Otro día llegué tarde a casa y decidí hacer un poco de pasta rapidito para cenar. Todo iba bien hasta que cogí la cazuela para tirar el agua y escurrir las caracolas. Entonces la cazuela decidió que ya había sufrido bastante en este mundo cruel y que era hora de terminar con todo. Literalmente se suicidó. Me quedé con el asa en la mano y saltando para esquivar el agua hirviendo como pude. Lástima de suelo laminado y de mi cena rapidita.

Dos días después, me levanto a las 2:30am toda ufana para ir al aeropuerto a coger un vuelo hacia mi querido Berlín. Tras no pocas peripecias y dos taxis, llego, facturo, espero, embarco, espero. Empieza a nevar. Esperamos. Nieva más. Nos echan del avión y cierran el aeropuerto.




Esperamos. Esperamos más. Nos devuelven las maletas y nos sacan de la zona de embarque. Nos ponen en una cola (más bien en medio de una multitud) a que pasemos el rato preguntándonos si vamos a volar más tarde, si nos van a meter en otros vuelos, si nos van a devolver el dinero... Y digo preguntándonos porque eran preguntas retóricas, nos las hacíamos a nosotros mismos porque no había nadie más a quién hacérselas. Tras horas de espera (al ladito de la zona de fumadores, por cierto, no me pude alejar más de 10 metros en todo ese tiempo) se hace evidente que los vuelos no van a salir más tarde, que no quedan plazas en los vuelos que sí van a salir (a menos que te sobren 200 libras en calderilla) y que lo único que voy a conseguir esperando la cola es que me duela más la espalda. Pues me piro con mi maleta de vuelta a mi humilde hogar.

El autobús desde la parada del metro no pasa por mi calle si nieva porque tiene demasiada cuesta y les da yuyu. Me toca arrastrar la maleta media hora por la nieve. Que es muy bonita pero destroza las botas de cuero que da gloria. Mis botas preferidas. RIP. Llego a casa con jet lag a pesar de no haber ido a ninguna parte. Me duermo. Me despierto 4 horas más tarde con un dolor de garganta, oídos y cabeza considerable. Decido que malgastar las vacaciones en Londres es una tontería, ir a currar al día siguiente ni te cuento. Cambio de planes y me compro un billete nuevecito para ir a la madre patria y pasar el finde con la familia. Deshago la maleta y me hago una mochilita. Ceno y me voy a dormir, no sin antes haberme tomado cuantas pastillas encontré por la casa.

Al día siguiente, vuelvo a madrugar (no tanto) y vuelvo al mismo aeropuerto en el medio de ninguna parte. Facturo, espero, compro, espero, se acerca la hora de embarcar y levanto la vista hacia los monitores. Ya casi no hay nieve y los vuelos están saliendo a su hora. Todos menos dos que han sido cancelados. Uno de ellos, el mío, por supuesto. Me quedo catatónica mirando las pantallitas fijamente: no puede ser, es una mala pasada de tu mente nublada por la incipiente gripe y la mala leche de ayer, cierra los ojos y vuelve a abrirlos, verás cómo todo está bien... Diez minutos más tarde me duelen los ojos de frotármelos y el vuelo sigue cancelado, así que me rindo ante la evidencia. Lloraría pero no quiero darles el gusto a los de la aerolínea maldita. Otra vez salgo. Otra vez la misma cola (pelín más pequeña, menos mal) al lado de la zona de fumadores. Esta vez decido esperar la cola entera a ver qué hay al final, ya que tanto interés despierta. Igual regalan piruletas o algo. Mientras, me dedico a hacer amigos y a devanarme los sesos buscando alternativas para poder volar a España como sea. Tras un par de horas de pensar para nada (por algo no me gustan los juegos de estrategias, digo yo) me toca. Allí, delante de mí se yergue el imponente mostrador de Ryanair con sus imponentes tres empleados. Me acerco. Pregunto esperanzada, ¿van a fletar otro avión? No. ¿Quedan plazas en otros vuelos para hoy? Sólo en el que va a la otra punta de la península en mitad de la noche. ¿Hay vuelo mañana a mi destino? No. ¿Puede colocarme en otro vuelo a otro país (London-angst se llama esto, o sáquenme-de-aquí-como-sea-que-ya-no-aguanto-más)? No. ¿Puede gestionarme la devolución del dinero? No, sólo se puede hacer desde la página web. ¿Me corresponde algún tipo de compensación económica? No. ¿Se harán cargo de los gastos de transporte hasta y desde el aeropuerto? No. Fantástico. Pues gracias por nada.



Vuelta a casa cabizbaja, cabreada y arruinada. El billete de avión y tren extra me han dejado la cuenta tiritando. Paso el fin de semana como buenamente puedo. Me levanto el lunes encontrándome fatal, pero claro, me da pena que mi compañero tenga que hacer mi trabajo por tercer día consecutivo y decido ir a la oficina. Llego y otra compañera se ha quedado en casa enferma, me toca hacer mi trabajo y el suyo. Eso me pasa por escuchar a mi conciencia. A ver si aprendo.

Por si fuera poco, mis tarjetas españolas están caducadas, así que tampoco puedo tirar de los ahorros de emergencia. A mi edad y tan desastrosa.

Para colmo de males, esta semana ha sido San Valentín. Que me daría igual si no fuera porque Londres se convierte en un parque temático de enamorados ñoños. Cuando ves el vigésimo ramo de flores a las 8 de la mañana te dan ganas de hacérselo tragar a la orgullosa dueña. Sobre todo si te miran de arriba abajo (tarjeta, no; flores, no; anillo, no; patas de gallo, sí) y te sonríen con amable condescendencia (no te preocupes, seguro que al año que viene te toca).

[INCISO: ¿Si tu ex te felicita por San Valentín, se está pitorreando o está falto de ya-sabéis-qué? ¿O las dos cosas?]

Pero mirémoslo por el lado bueno. La semana que viene cobro. Y como la vida se compone de ciclos, seguro que tarde o temprano se acaba la mala racha. Y además me ahorré 80 céntimos comprándome un monedero en el Duty Free del aeropuerto. ¡Yupi!

Friday, February 09, 2007

Segundo intento: FALLIDO

Me voy al aeropuerto. A ver si hoy consigo escapar de Londres...

¡Deseadme suerte!



ACTUALIZACIÓN: No lo he conseguido, sigo aquí.

Me voy a revolcarme en la autocompasión un rato. Más tarde si tengo fuerzas os lo cuento.

Jo, qué rabia.

Wednesday, February 07, 2007

Talento natural

Siempre pensé que lo mío no era el arte. Mucho menos el dibujo. Aquella tarde de Pictionary en que alguien dijo “tren” cuando yo intentaba dibujar un pulpo fue el trauma que me hizo desistir definitivamente.

Pues resulta que estaba equivocada. A estas alturas de mi vida he descubierto que soy una retratista excepcional. Tengo el talento de capturar aquello que define la naturaleza íntima de cada uno. No lo digo yo, lo dicen los del National Portrait Gallery, que por cierto me tienen el teléfono colapsado, qué pesaditos.

Pero basta de demagogia, vean, vean unos cuantos ejemplos con sus propios ojos:

Hermana de la artista



Amigo 1

Amigo 2

Autorretrato


Por supuesto mis obras están a la venta. Si alguno está interesado me puede contactar aquí. Anímense, amigos, que se acerca San Valentín. Qué mejor regalo, original y personal, y además se puede colgar encima de la cama o del wáter para su disfrute todos y cada uno de los días del año.


ACTUALIZACIÓN:

A petición de las interesadas, añado los retratos de B y Brixta:


B






Brixta



Chicas, espero que no le tuvierais demasiado cariño a vuestras identidades secretas. A partir de ahora os reconocerán por la calle.


Wednesday, January 24, 2007

Is there a doctor in the room?

I need a doctor. Nothing serious, thankfully, but I do need one whether I like it or not. So I had to do what I had been putting off for over 3 years: register with a GP. Why hadn’t I done it before? Well, there are several reasons:

1) Acknowledging you might need to see a doctor implies acknowledging your own mortality and, worse still, that you grow old.
2) Who in their right mind would rush to deal in any way with the NHS if they could help it?
3) I suffer from severe chronic bureaucraphobia.
4) I’m lazy and messy.

But I do need a doctor now, so I had no choice. I tried to be organised. First, I visited the NHS website, entered my postcode and printed out a list of the nearest surgeries. Then, called the first two or three to check that they were accepting new patients and their opening times. Got some time off work and, armed with all the paperwork and patience I could gather, I headed for the first surgery on the list.

After an eventful trip in the underground (we Londoners never get bored) I managed to get there just 10 minutes before they closed. All was going well until they asked where I live.

“Sorry, we are not taking patients from that road anymore. My boss just deleted it from the list.”

Helpfully, the lady pointed at a list on a board where my road name was clearly crossed out. I can’t begin to explain how bizarre that sounds to me. She must have seen my puzzled look, for she elaborated:

“Everyone in that road seemed to be coming here”

Well, that’s hardly surprising, considering this is the nearest surgery, I thought. But I didn’t say it out loud because something told me we could be discussing it for hours and never get anywhere. So I thanked her and walked to the next surgery.

This one had two doctors, who were accepting new patients, and who accepted patients from my road. But, they wouldn’t accept my bank statement as proof of address. Brilliant. I don’t have a utility bill because I live in a houseshare and all the bills are in my landlady’s name. It was hard enough to get a bank account as it is –now even with the bank statement I can’t get a doctor (*).

So, I tried another surgery. Again, not doing my road. No worries, I thought, I’m getting used to this. Let’s try again.

This time (fourth surgery, fifth doctor) they were happy with my road, my proof of address, my name, my hair colour and all. Not only did I manage to register, I even got an appointment for next week. So now I can see a doctor in the end, finally! Wish me luck (**)!




(*) Those of you who are against ID cards, please close your eyes as I’m about to write what I think about this shitty system that penalises a perfectly legal way of life (that without utility bills) and turns normal, law-abiding, tax-paying people into second class citizens. It’s unfair, and stupid for that matter (sooo easy to change your gas bill to someone else’s name! what’s the whole point then?!?). Honestly, I have problems with the silliest things, from joining a gym to getting a videoclub card. You’re only making bureaucracy harder and not stopping identity fraud at all. WHAT’S THE POINT?!?

(**) MRSA: What is it about carpets in hospitals and doctors’ surgeries? Isn’t it obvious that’s not hygienic at all? Why are they put there in the first place? Somebody please enlighten me. Seriously, I’m curious. What’s the benefit of it?

Thursday, January 18, 2007

Same old, same old

Dedicado especialmente a los lectores sincronizados de Neverwhere.

A punto de salir de la ofi, hace viento, mucho. Siguiente paso lógico, ir a la web de Transport For London a ver si hay problemas en el metro. Resultado:

(Para los profanos: PART SUSPENDED significa que parte de la línea esta cortada, pueden ser dos paradas, pueden ser 8 ó 18; SEVERE DELAYS significa que te va a tocar esperar en el andén un huevo y parte del otro, y que cuando llegue el tren si consigues meterte le encontrarás el significado profundo a la expresión "como sardinas en lata"; MINOR DELAYS es como severe delays pero más light; GOOD SERVICE -3 líneas de 12- es como MINOR DELAYS pero sin esperar tanto en el andén, si no es hora punta a lo mejor hasta te sientas)

Ninguna sorpresa. Al metro de Londres no le gustan las inclemencias del tiempo. Ya sea calor, lluvia, hojas secas o viento, los extremos no le sientan bien.

Me pregunto cómo lo llevarán Earl y su corte cuando se quedan atrapados en mitad de un túnel durante 20 min como me pasó a mí ayer sin ir más lejos. Por lo menos tienen muchos libros.

Y aunque cierto ángel se fuera de paseo por ahí no creo que consiguiera llegar a ninguna parte...

Ahora entiendo lo del título.

Tuesday, January 16, 2007

La amenaza del chapati oxigenado

De piedra me he quedado esta mañana al abrir el Metro y leer la composición de las bombas que NO explotaron en Londres un par de semanas después de los atentados del 7 de Julio.

Queridos niños y niñas, hagan sus apuestas. ¿Qué sofisticados componentes creéis que emplearon los presuntos terroristas para fabricar los artefactos? No temáis que os voy a sacar de dudas ya mismito. Los ingredientes en cuestión eran:

Para el explosivo:
* Peróxido de hidrógeno líquido (o mucho me equivoco o esto es agua oxigenada de la de toda la vida)
* Harina de
chapati (para los profanos en comida india, esto no es ni más ni menos que un tipo de pan)


Para el detonador, triperóxido de triacetona (perdón por la traducción), conseguido al mezclar:
* Agua oxigenada (se ve que tenían mucha)
* Ácido (¿qué ácido? ¿cualquiera? ¿sulfúrico? ¿acetilsalicílico? ¿jugo de limón?)
* Acetona (también conocida por los entendidos como quitaesmaltes)

Todo eso metido en un contenedor de plástico (un túper, fijo) con una bombilla de linterna y una batería de nueve voltios.

Sin embargo a pesar de tan sofisticada preparación, las bombas no explotaron. Debido, parece ser, a cómo estaban hechas, a la composición de los explosivos o al calor de ese día en Londres. El calor de Londres. Y esto lo dicen en el periodico. Ay que me da algo.

A ver, yo no sé de esto. Pero no sé por qué no me sorprende que no explotaran. Para mí que estos chicos habían visto demasiados capítulos de McGiver.

Soy yo, o estos pardillos les vinieron que ni pintados a los que gustan de fomentar el miedo de las masas... por supuesto me alegro de que fueran unos inútiles redomados. Pero de ahí a ponerlos en el juicio como máquinas de matar de alta precisión... me parece sobreestimarlos mas allá de lo razonable, y por motivos equivocados, sospecho.

Vosotros qué opináis, ¿broma de mal gusto o chapuza monumental?

Wednesday, January 10, 2007

Winds Of Change

No sé qué está pasando esta semana, llevo tres días llenos de viento.

El lunes, viento figurado, y viento real. Una amiga me llamó para invitarme a ver una representación de The Wind In The Willows en la Royal Opera House, porque su novio estaba malito y no podía usar su entrada. Yo había quedado con otra amiga, pero una oferta así merecía ser tenida en cuenta. Una no se prodiga mucho en el panorama cultural de London, y no por falta de ganas y/o de inquietudes artísticas (que haberlas, haylas, de qué tipo y nivel es otra cosa, mariposa), sino por pura y dura escasez de medios. Así que si me ofrecen algo gratis me apunto a un bombardeo. Y esto de bombardeo no tenía nada, más bien todo lo contrario. No tenía ni idea de qué tipo de representación sería, pero gratis y en la Royal Opera House, con músicos de verdad en vivo y en directo. Además, un plan de última hora, con lo que me gusta a mí improvisar, y en buena compañía, qué más se puede pedir.

Total, que llamé a la otra amiga para cancelar. Yo que creía que se iba a mosquear, pues no, ella también quería cambiar los planes. Es lo que tiene tener amigos así, espontáneos. Nos gusta ser amigos entre nosotros, porque nos entendemos. Por increíble que parezca hay desalmados por ahí que nos considerarían impresentables, malquedas o poco fiables.

Me estoy enrollando. Volviendo a The Wind In The Willows, resultó ser un cuento tradicional inglés (ya sabía yo que me sonaba de algo, esas clases de inglés chabacano en el instituto…), nos sobraban a mi amiga y a mí unas dos décadas para tener la edad media del resto del público.


Pero aún así, se disfrutó. Empezó demasiado ñoño, pero cogió fuerza enseguida, hubo un par de momentos mágicos que nos pusieron a todos la sonrisa en la cara. Lo mejor fue cuando empezó a nevar encima del patio de butacas, esos abuelos de alta cuna, que se habían gastado £21 en cada entrada más un pastón en la pelu, debatiéndose entre salvar el peinado, disimular las ganas de montar un pollo y denunciar al teatro o dejarse llevar y disfrutar como locos igual que sus nietos. Había uno que me hubiera quedado yo como abuelo, el hombre se desternillaba.

Además llevamos un par de días de viento real, sobre todo por las noches. Como mi habitación está en el último piso y originalmente diseñada para la servidumbre (o sea, sin ningún tipo de aislamiento), parece que el tejado va a salir volando en cualquier momento. Me levanto por la mañana preguntándome si seguiré en Londres o si estaré ya en Oz (esto es probablemente culpa de Neverwhere). Pero lo peor del viento es que me recuerda a Almería. Y por tanto me recuerda dónde me gustaría estar. Y por eliminación me recuerda dónde NO quiero estar. Y entonces me pongo a buscar en Internet un futuro lejano e indefinido. Hasta que me harte, me líe la manta a la cabeza y lo convierta en presente indefinido. El día menos pensado…